El otro día, en el primer post de «An Architect in the Middle», por cierto, me podríais dejar en comentarios si os gusta el nombre, comenté dos errores habituales que ocurren con la IA generativa: creer sin cuestionar y sin verificar los hechos. Y estos errores son muy complejos de solucionar y evidencian lo sencillo que es construir relatos que no son verdaderos.
Algunos me escribisteis por privado, para preguntarme: ¿qué hace diferente esta ola de las otras? Esta pregunta, o la discusión que subyace, no solo la he intentado responder por mensaje, sino también con compañeros de trabajo y con amigos tomando una cerveza.
Bajo mi punto de vista, la diferencia es clara. Las otras olas, igual estoy siendo cansino con las metáforas, giraban en torno al trabajo. Cambiaron cómo se hacían los temas de infraestructura, de datos, del software, pero el flujo de trabajo, es decir, cómo diseñamos, cómo programamos, cómo decidíamos, y sé que todo esto es muy matizable, sufría muy pocos cambios.
La IA generativa no es una herramienta más que orbita alrededor, es parte del núcleo. Es capaz de escribir código en el mismo repositorio donde trabajamos, es capaz de generar documentación, completa requisitos incompletos, detecta errores y es capaz de proponer soluciones en tiempo real. Y de nuevo, no es un copiloto, es parte del proceso.
Este año McKinsey publicó un artículo en el que decía que más del 75% de las empresas ya utilizan la IA en al menos una parte de sus cargas de trabajo. Y esto les está llevando a replantearse todos sus procesos, a cambiarlos, a requerir nuevos roles y a diseñar nuevas maneras de gobernarlos para obtener más valor. Gartner, por su lado, predice que en tres años habrá más software que tenga funciones de IA generativa integradas que sin ella. Stanford HAI habla de inversión masiva en IA, más de 109 billones de dólares con casi 34 billones solo para IA generativa. Esto, bajo mi humilde opinión, son hechos, no promesas.
Por esto, y dejadme volver a mis metáforas, esta ola es diferente. Y aquí aparece una nueva cuestión de fondo. No estamos hablando del qué, ni tampoco del cómo, estamos hablando del porqué.
Un libro que me encanta es «Building Evolutionary Architectures», de Neil Ford, Rebecca Parsons y Pat Kua. En arquitecturas evolutivas, el porqué es la brújula. Es lo que da coherencia al cambio, lo que nos permite que una arquitectura pueda evolucionar, independientemente de las olas tecnológicas, quizá me estoy pasando de nuevo, sin perder su propósito. Al final, el porqué nos define qué merece la pena escalar, qué debe descartarse y qué nunca podemos comprometer.
Pero oye, que esto va mucho más allá, sin un porqué claro, podemos acabar construyendo arquitecturas maravillosas, robustas, modulares, etc. Pero en una dirección equivocada, y esto es igual de malo que obviar los conceptos de arquitectura. Después de llevaros por esta travesía en el desierto, nadie dijo que diseñar sistemas fuera fácil, el diseño de soluciones con IA generativa se convierte en un punto crítico. Y esto es debido a la velocidad tan alta con la que cambia el estado del arte, y una arquitectura estática sería legacy en pocos meses.
Mucho texto hasta llegar hasta aquí, pero creo que es fundamental entender el camino. ¿Qué necesitamos para conseguir esto?
- Gobierno, desde el principio del proyecto, no seamos cabezones con las PoCs o los pilotos, si no lo hacemos, la IA se descontrolará.
- Observabilidad, ya he hablado mucho de observabilidad en sistemas distribuidos, ahora metemos en la ecuación agentes de IA que toman decisiones, y tenemos que conocer el porqué.
- FinOps, hay que pagar la fiesta, pero eso no quiere decir que no sea fundamental tener una buena gestión del gasto.
- Modularidad, tenemos que ser ágiles incluyendo nuevos frameworks, reemplazar componentes de manera ágil y evitar el vendor-locking.
- Pero para poder asegurar esto a lo largo del tiempo, es fundamental definir e implementar fitness functions que nos ayuden a mantener el propósito de la arquitectura a lo largo del tiempo.
El qué y el cómo son necesarios, el porqué es lo que nos permite que la arquitectura, y por ende los sistemas, evolucionen, estén vivos. Esto nos permitirá surfear la ola, última metáfora por hoy, lo prometo, en lugar de que la ola nos pase por encima.